lunes, 18 de julio de 2011

LIBERTAD!


Momentos que pasan frente a nuestros ojos y no los vemos. Superficialidad.

Lo voy entendiendo, me voy desprendiendo. Estoy aprendiendo a volar. No tengo alas, más no las necesito para hacer a mi alma elevar.

Ya no interesa lo que para el mundo parece real. Yo vivo mi propia realidad. Tanto silencio, tanta melodía, tanta dulce soledad me mostraron mi esencia, la esencia. Tanto de todo, todo de nada.

Hoy soy libre, la luz que llevo en el pecho por fin se encendió. Lo que hoy para todos son palabras sueltas, para mí son historias enteras. Ya pasó. Ya no necesito sonidos ni letras que transmitan ideas. Las ideas viven en mi, yo las siento, las entiendo.

El más allá está acá, al alcance de mis manos. Mi ser está libre, puedo ir a donde quiera, cuando quiera. 

Tristeza, llanto, sonrisas y alegrías, dolor y placer ya forman parte de mi permanente felicidad, la perturbación forma parte de mi paz. Todo gracias a mi par.

Así empiezo a dejar mis huellas en mi misma… Es lo que interesa, conocerme.

miércoles, 15 de junio de 2011

HAY QUE PERDER EL MIEDO...

Llegó un momento en el que me paré y miré a mi alrededor… Si, salí de mi termo y cómo costo. No me gustó mucho lo que vi.

Me siento como un diminuto punto en el mundo, incapaz de cambiar nada pero a la vez capaz de hacerlo todo.

Somos tan ciegos los seres humanos. Somos tan egoístas, tan conformistas. Muchos no nos imaginamos lo que somos capaces de dar y ni siquiera tenemos intenciones de descubrirlo. Si tan solo venciéramos el miedo a lo desconocido y nos decidamos a desafiarnos a conocernos más nos encontraríamos con un mundo explosivo que vive dentro de nosotros, en nuestra mentes.

Hay que vencer el miedo a conocer. Hay un mundo lleno de vida fuera de nuestra burbuja.

Hay que vencer el miedo a estudiar. Estudiando se nos abre la mente. Preparándonos nos sacamos la venda que nos tapa los ojos y podemos apreciar ése mundo lleno de vida.

Hay que vencer el miedo a trabajar. Trabajando nos utilizamos a nosotros mismos. No hay mejor sensación que la del deber cumplido, la de sentirnos útiles. Trabajando en lo que nos gusta aprendemos a vivir.

Hay que perder el miedo a sentir. Uff! Cómo nos cuesta sentir. Nos cerramos al amor por temor a sufrir. Nos negamos a confiar por miedo a la traición. No nos animamos a volar por el desasosiego que nos genera la caída. El miedo no nos permite sentir, y sin sentir no hay vivir. Yo aprendí a disfrutar hasta el sufrimiento, ya que es una de las mejores oportunidades de crecer como personas. Aprendí que tanto el amor y el sufrimiento hacen más intensa la vida, más vivos nos sentimos.

Hay que perder el miedo a la soledad. La soledad no siempre es la peor enemiga, la mayoría de las veces puede llegar a ser nuestra mejor amiga. Mientras todos huyen de la soledad, yo la busco por todos los rincones. Es la única que me escucha atentamente y permite que yo misma me escuche; es la que me conoce y deja que yo misma me conozca. La soledad me da las más importantes lecciones de vida. Sin darnos cuenta buscamos la compañía de todas las personas para llenar vacíos, cuando simplemente necesitamos un momento en soledad. Por qué depender de los demás cuando podemos depender de nosotros mismos para crecer.

Hay que perder el miedo a creer. Creer en los demás, es hermoso sentirse contenido y apoyado por los demás, es satisfactorio poder contar con los demás, es tranquilizador contar con los amigos. Aprendamos a creer en la magia. Si, en la magia. Una de las pérdidas más grandes que sufrimos al volvernos adultos es que perdemos la magia, los sueños, las ilusiones. La música es magia, el cielo es magia, la naturaleza es magia, el silencio es magia, la risa es magia, el llanto también lo es. La respiración, el latir del corazón, la imaginación, la pasión. En qué momento dejamos de ver magia en todos los rincones. Recuperemos la vista y volvamos a encender el motor de la magia, de la confianza, del sentimiento.

Hay que perder el miedo a arriesgarse. Acumulemos coraje y animémonos a vivir!!!

lunes, 4 de abril de 2011

¡QUIERO!

Quiero soñar.
Quiero seguir mis sueños.
Quiero hacerlos realidad.
Quiero luchar.
Quiero crecer.
Quiero ganar.
Quiero mirar lejos y sentir que el horizonte no es imposible.
Quiero romper las barreras, mis barreras.
Quiero escribir.
Quiero hablar.
Quiero escuchar.
Quiero vencer.
Quiero reír.
Quiero llorar y disfrutar el llanto.
Quiero amar.
Quiero sentir.
Quiero pensar.
Quiero ser más.
Quiero saber más.
Quiero progresar.

Pareciera fácil hacer una lista de lo que quiero, pero si voy a hacer un listado de lo que realmente quiero, es porque estoy dispuesta a lograr todos y cada uno de los puntos. Si afirmo que quiero algo es porque estoy dispuesta a alcanzar esa meta.

Llámenme idealista, soñadora o como quieran, pero hoy quiero tener MI mundo en mis manos.

Tengo sed de más. No me conformo.

Quiero aprender a ver con los ojos del alma. Quiero la vista del mundo real, no del fatal sino del mundo… real.  Por un segundo quiero ver un mundo sin el consumismo y materialismo que me rodea y me absorbe. Un mundo frágil pero eterno. Un mundo que cuenta con su propia música de fondo, orquestada por la más loable banda sonora, la propia, la natural.

Quiero poder desprenderme de todo. No llevar nada más que mis recuerdos, mi mente y mis talentos.

Quiero real y plenamente… vivir.

sábado, 5 de febrero de 2011

PRO-VIDA

Hoy la pregunta que me viene a la cabeza es ¿qué le está pasando a esta generación con la valoración de la vida?
Abrimos los periódicos, vemos las noticias y lo único resaltante son accidentes, asesinatos, suicidios. Estamos tan podridos que a veces ya ni nos sorprende. Tenemos que aprender a ser un poco más (mucho más) PRO-VIDA.

Tenemos que darnos cuenta que cada vez que nos despertamos en las mañanas es un regalo que la vida misma nos da. Cada día nuevo es una oportunidad de salir adelante, de cambiar las cosas que hay que cambiar, de amar y de recibir amor.
Debemos entender que los problemas, la tristeza, el miedo, la depresión, nada de eso es para siempre. Todo en esta vida es momentáneo, por eso es que tenemos que disfrutar y valorar cada segundo en el que podemos respirar.
Pero, no debemos “disfrutar el día a día como si fuera el último” con desenfreno e irresponsabilidad, porque de esa manera podemos conseguir que ese día verdaderamente sea… el último. La responsabilidad no es para nada aburrida, es simplemente nuestro seguro de vida.
Y ni pensar en el hecho de tomar la decisión de terminar con nuestras vidas por nosotros mismos. Esa es una de las pocas cosas que no está en nuestras manos; está en manos de Dios, de la vida misma o del destino, pero no está a nuestro alcance terminar de repente nuestra historia, porque todos tenemos un final predeterminado, una historia escrita que tenemos que leerla hasta el final para poder entender el pasado y el presente. Antes de tomar la triste decisión de cerrar el libro de nuestras vidas por la mitad, por el hecho de sentirnos acobardados ante los desafíos o problemas que tenemos, debemos cuenta de que al decidir eso somos lo suficientemente valientes, pero estaremos usando esa valentía en el sentido equivocado.
Tenemos que reaccionar y mirar a nuestro alrededor para descubrir los infinitos motivos que hacen que  la vida sea increíble, divertida, plena y cargada de momentos, lugares y personas que nos ofrecen felicidad al alcance de las manos.
Valoremos y respetemos nuestra vida, y la de los demás.

sábado, 15 de enero de 2011

Mi persona en el mundo

Dicen por ahí que al morir, nuestras almas se dividen en dos partes y cada una de ellas vuelve a encontrar vida en dos cuerpos distintos. Es así como nacen las “almas gemelas”, las mitades.
También dicen que el mundo, el destino, la energía o como quieran llamarlo, se encarga de juntar las dos piezas del rompecabezas. Pero, ¿será que somos capaces de distinguir nuestra mitad?, ¿no estamos teniendo el concepto equivocado de lo que significaría tener un alma gemela?
A mi parecer, todo este tema está muy comercializado, mal definido, con un estilo hollywoodense que encierra a las almas gemelas en el enamoramiento, en el sexo, en la pareja, en el casamiento y afines. Yo me pregunto, ¿es en realidad ese el concepto de las mitades? Si me dejan responder, yo creo que no.
Considero que mi persona en el mundo es aquella con la que puedo hablar horas y horas y más horas sin aburrirme, sin pensar en que puedo estar haciendo tal o cual cosa; esa persona con la que puedo conversar de cualquier tema si vergüenza, sin miedos, sin tabúes. Mi alma gemela es aquella que me ayude a ver lo que hago mal y me felicita por lo que hago bien, siempre me ayuda a mejorar, siempre me apoya en todos los momentos, disfruta de mis risas y me seca las lágrimas.
Pero no se queda ahí, no. Mi mitad está ahí, aunque no esté. Una vez que aprendimos a comunicarnos con el alma, en el lenguaje del corazón, no hay barreras, no hay distancia ni obstáculo que nos separe. Basta un minuto de silencio, un segundo de meditación o de simple paz para poder comunicarse con esa persona, y es tan reconfortante sentir que siempre está presente. Por eso una vez que aprendimos a distinguir a nuestra mitad ya no hay soledad.
No hace falta conocer personalmente a esa persona, simplemente hay que tener la convicción de que existe, en algún lugar. Sólo tenemos que aprender a escuchar y a sentir su presencia. Tampoco debemos confundirnos y pensar que con esa persona necesariamente tenemos que compartir un noviazgo, un matrimonio o una familia. Tu mitad simplemente puede estar ahí, en tu vida, en tu mundo. Puede acompañarte siempre, puede aconsejarte, puede quererte y hasta amarte sin necesidad de que eso implique que sea un amor posesivo, un amor carnal, sino solamente amor.
Estamos tan duros de corazón en estos tiempos que no nos damos la oportunidad de descubrirnos realmente, de encontrar el sentido a todas estas palabras, que para muchos no son más que cursilerías, y a esas personas les digo que no saben lo que se están perdiendo.
Vamos a darnos la oportunidad de encontrar a nuestra persona. Yo hace un tiempo encontré la mía, y aunque hace bastante no cruzo palabras con el, siempre conversamos, y sé que el día que hablemos de vuelta va a ser como si no pasó el tiempo, y vamos a asombrarnos por cómo siempre pudimos comunicarnos. El no es mi amigo, no es mi novio, ni mi conocido. El es simplemente una parte de mi, que habla mi mismo idioma, que vive la mitad de mi vida en su propia vida. Tal vez por eso no puedo decir que le extraño, porque siempre está presente, se que está bien, se que está cerca, se que tiene una vida, que también es mi vida.
Aprendamos a escuchar a nuestras almas, aprendamos a hablar el lenguaje del corazón. En algún lugar está nuestra mitad y tenemos que poder escucharla. No podemos perdernos de tan agradable y placentera sensación.