miércoles, 15 de junio de 2011

HAY QUE PERDER EL MIEDO...

Llegó un momento en el que me paré y miré a mi alrededor… Si, salí de mi termo y cómo costo. No me gustó mucho lo que vi.

Me siento como un diminuto punto en el mundo, incapaz de cambiar nada pero a la vez capaz de hacerlo todo.

Somos tan ciegos los seres humanos. Somos tan egoístas, tan conformistas. Muchos no nos imaginamos lo que somos capaces de dar y ni siquiera tenemos intenciones de descubrirlo. Si tan solo venciéramos el miedo a lo desconocido y nos decidamos a desafiarnos a conocernos más nos encontraríamos con un mundo explosivo que vive dentro de nosotros, en nuestra mentes.

Hay que vencer el miedo a conocer. Hay un mundo lleno de vida fuera de nuestra burbuja.

Hay que vencer el miedo a estudiar. Estudiando se nos abre la mente. Preparándonos nos sacamos la venda que nos tapa los ojos y podemos apreciar ése mundo lleno de vida.

Hay que vencer el miedo a trabajar. Trabajando nos utilizamos a nosotros mismos. No hay mejor sensación que la del deber cumplido, la de sentirnos útiles. Trabajando en lo que nos gusta aprendemos a vivir.

Hay que perder el miedo a sentir. Uff! Cómo nos cuesta sentir. Nos cerramos al amor por temor a sufrir. Nos negamos a confiar por miedo a la traición. No nos animamos a volar por el desasosiego que nos genera la caída. El miedo no nos permite sentir, y sin sentir no hay vivir. Yo aprendí a disfrutar hasta el sufrimiento, ya que es una de las mejores oportunidades de crecer como personas. Aprendí que tanto el amor y el sufrimiento hacen más intensa la vida, más vivos nos sentimos.

Hay que perder el miedo a la soledad. La soledad no siempre es la peor enemiga, la mayoría de las veces puede llegar a ser nuestra mejor amiga. Mientras todos huyen de la soledad, yo la busco por todos los rincones. Es la única que me escucha atentamente y permite que yo misma me escuche; es la que me conoce y deja que yo misma me conozca. La soledad me da las más importantes lecciones de vida. Sin darnos cuenta buscamos la compañía de todas las personas para llenar vacíos, cuando simplemente necesitamos un momento en soledad. Por qué depender de los demás cuando podemos depender de nosotros mismos para crecer.

Hay que perder el miedo a creer. Creer en los demás, es hermoso sentirse contenido y apoyado por los demás, es satisfactorio poder contar con los demás, es tranquilizador contar con los amigos. Aprendamos a creer en la magia. Si, en la magia. Una de las pérdidas más grandes que sufrimos al volvernos adultos es que perdemos la magia, los sueños, las ilusiones. La música es magia, el cielo es magia, la naturaleza es magia, el silencio es magia, la risa es magia, el llanto también lo es. La respiración, el latir del corazón, la imaginación, la pasión. En qué momento dejamos de ver magia en todos los rincones. Recuperemos la vista y volvamos a encender el motor de la magia, de la confianza, del sentimiento.

Hay que perder el miedo a arriesgarse. Acumulemos coraje y animémonos a vivir!!!

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