Dicen por ahí que al morir, nuestras almas se dividen en dos partes y cada una de ellas vuelve a encontrar vida en dos cuerpos distintos. Es así como nacen las “almas gemelas”, las mitades.
También dicen que el mundo, el destino, la energía o como quieran llamarlo, se encarga de juntar las dos piezas del rompecabezas. Pero, ¿será que somos capaces de distinguir nuestra mitad?, ¿no estamos teniendo el concepto equivocado de lo que significaría tener un alma gemela?
A mi parecer, todo este tema está muy comercializado, mal definido, con un estilo hollywoodense que encierra a las almas gemelas en el enamoramiento, en el sexo, en la pareja, en el casamiento y afines. Yo me pregunto, ¿es en realidad ese el concepto de las mitades? Si me dejan responder, yo creo que no.
Considero que mi persona en el mundo es aquella con la que puedo hablar horas y horas y más horas sin aburrirme, sin pensar en que puedo estar haciendo tal o cual cosa; esa persona con la que puedo conversar de cualquier tema si vergüenza, sin miedos, sin tabúes. Mi alma gemela es aquella que me ayude a ver lo que hago mal y me felicita por lo que hago bien, siempre me ayuda a mejorar, siempre me apoya en todos los momentos, disfruta de mis risas y me seca las lágrimas.
Pero no se queda ahí, no. Mi mitad está ahí, aunque no esté. Una vez que aprendimos a comunicarnos con el alma, en el lenguaje del corazón, no hay barreras, no hay distancia ni obstáculo que nos separe. Basta un minuto de silencio, un segundo de meditación o de simple paz para poder comunicarse con esa persona, y es tan reconfortante sentir que siempre está presente. Por eso una vez que aprendimos a distinguir a nuestra mitad ya no hay soledad.
No hace falta conocer personalmente a esa persona, simplemente hay que tener la convicción de que existe, en algún lugar. Sólo tenemos que aprender a escuchar y a sentir su presencia. Tampoco debemos confundirnos y pensar que con esa persona necesariamente tenemos que compartir un noviazgo, un matrimonio o una familia. Tu mitad simplemente puede estar ahí, en tu vida, en tu mundo. Puede acompañarte siempre, puede aconsejarte, puede quererte y hasta amarte sin necesidad de que eso implique que sea un amor posesivo, un amor carnal, sino solamente amor.
Estamos tan duros de corazón en estos tiempos que no nos damos la oportunidad de descubrirnos realmente, de encontrar el sentido a todas estas palabras, que para muchos no son más que cursilerías, y a esas personas les digo que no saben lo que se están perdiendo.
Vamos a darnos la oportunidad de encontrar a nuestra persona. Yo hace un tiempo encontré la mía, y aunque hace bastante no cruzo palabras con el, siempre conversamos, y sé que el día que hablemos de vuelta va a ser como si no pasó el tiempo, y vamos a asombrarnos por cómo siempre pudimos comunicarnos. El no es mi amigo, no es mi novio, ni mi conocido. El es simplemente una parte de mi, que habla mi mismo idioma, que vive la mitad de mi vida en su propia vida. Tal vez por eso no puedo decir que le extraño, porque siempre está presente, se que está bien, se que está cerca, se que tiene una vida, que también es mi vida.
Aprendamos a escuchar a nuestras almas, aprendamos a hablar el lenguaje del corazón. En algún lugar está nuestra mitad y tenemos que poder escucharla. No podemos perdernos de tan agradable y placentera sensación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario